Como la ausencia de pedidos ha dejado en la ruina a Bangladesh

En el sur de Asia encontramos un pequeño país llamado Bangladesh, que si lo viéramos en  el mapa parecería una piedrita incrustada en el enorme país de la India, como si fuese parte de ella.

Este sitio es mejor conocido por sus actividades textiles de gran fuerza a nivel internacional, pero también por las condiciones semi-esclavistas en las que viven todos esos obreros que trabajan para dicha industria.

El gran incendio ocurrido hace unos años en una de las instalaciones de fábricas textiles que dejó decenas de muertos, puso por un minuto los ojos del mundo en este lugar que incluso confecciona para grandes marcas de prestigio, solo para evidenciar las condiciones de explotación y miseria en la que viven los trabajadores y el pueblo.

Sin embargo, esto no fue suficiente para poner un alto a las condiciones de precariedad en las que viven gracias al consumismo y el capitalismo de países más desarrollados, algo de lo que muchos hablan y critican.

Pero la llegada de la pandemia por el coronavirus, vino a darle un giro a todo este discurso cuando decenas de estas empresas tuvieron que cerrar sus puertas, poniendo a los trabajadores en serios aprietos, donde pasaron de ganar una miseria a no ganar un centavo.

El coronavirus cierra fábricas textiles en Bangladesh dejando a sus trabajadores en casa

Se trata de miles y miles de obreros de este giro que se están apretando el cinturón para hacer rendir el dinero luego de que los enviaran a casa sin ingresos por el cierre de las fábricas textiles a causa del coronavirus.

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Pero lejos de pensar que se trata de un medio para mantener a los trabajadores explotados a salvo por este terrible virus, de hecho la causa es debido a la cancelación en masas de pedidos desde el Occidente por la pandemia.

El cierre de tiendas de ropa y la bajísima demanda de prendas de aquellos que todavía sobreviven en América y Europa, ha provocado la cancelación de pedidos que incluso ya se encontraban manufacturándose, obligando a las empresas de Bangladesh a parar la cadena de producción en seco.

Algunos trabajadores han conseguido permiso de permanecer en casa, pero otros han sido despedidos temporalmente, mientras que otros fueron echados definitivamente causando quejas.

Esto representa el detenimiento de casi toda la industria textil del occidente, pues con más de 4 mil fábricas con 4 millones de trabajadores, Bangladesh representa el 80% de los productos exportados, donde son las mujeres de este país quienes se benefician por estos trabajos.

Los grandes de la moda internacional

Entre las tiendas de moda occidentales que tienen sus fábricas en el país asiático encontramos a H&M, C&A, Inditex, Gap, Nike, Adidas, entre otras marcas que no son tan conocidas o son más famosas en Asia.

Algunas de estas fueron las que se vieron obligadas a cancelar sus pedidos de prendas paulatinamente, hasta que prácticamente dio lugar al detener fábricas enteras. Mientras tanto, los trabajadores afectados acudían a las fábricas con la esperanza de que les pagaran su trabajo realizado en marzo.

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Fue así como el gobierno de este país resolvió imponer 10 días de descanso para poder frenar los contagios por el coronavirus, luego regresarían a sus labores. Sin embargo, la situación que parecía no cesar, obligó a las autoridades a extender el cierre de fábricas hasta el 14 de abril.

Fuerza de trabajo a la deriva y sin garantías que los protejan

Los jefes de las fábricas exigían a sus empleados regresar el 5 de abril a sus labores sin importar las consecuencias en sus trabajadores que son como meras fichas intercambiables y reemplazables.

El vicepresidente del sindicato Sommilito Garments Sramik Federation, Khadiza Akter, reveló que cuando los trabajadores acudieron puntualmente a sus trabajos por la mañana, la mayoría fueron despedidos en ese mismo instante, mientras que a otros les comunicaron que la fábrica reanudaría sus actividades luego de un cierre temporal.

Para las otras fábricas que continuaron sus actividades pese a las indicaciones de las autoridades, esto representaba poner en peligro la vida de miles de los obreros, no solo por obligarlos a desobedecer la cuarentena, sino también por la falta de implementación de los consejos de salud básicos como el distanciamiento social y la higiene.

Los dueños de las fábricas ni siquiera se tomaron la molestia de comunicarles su despido o paro de labores a través de medios más seguros como una llamada telefónica, sino que los hicieron salir de casa y aglomerarse solo para recibir el fatídico anuncio.

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Los sindicatos, sin fuerza

Ni siquiera los sindicatos de trabajadores pudieron hacer algo al respecto y enfocaron sus esfuerzos a exigir al Gobierno, los dueños de las fábricas y los compradores que cancelaron los pedidos, que paguen lo justo a sus empleados, pues la situación provocaba que ellos y sus familias pasaran por hambre y carencias.

Es indignante ver cómo muchos trabajadores como Babul Rahman, que tuvo que trasladarse 150 kilómetros a pie desde su hogar a la fábrica donde trabajaba en otra ciudad debido a que el servicio de transporte público estaba detenido, solo para que le dijeran que lo habían echado del trabajo.

Luego de horas y horas de haber caminado y habérselas ingeniado para acudir puntualmente a la fábrica en la fecha y hora que les habían comunicado, encontró que estaban cerradas sus puertas. Dijo que tuvo que gastar tres veces más para poder llegar a tiempo debido a que los autobuses estaban en paro.

Y poco pudieron hacer ante las autoridades de Bangladesh debido a sus deplorables leyes laborales, que establece que los trabajadores despedidos solo pueden recibir una fracción del salario que normalmente perciben, al menos hasta que las fábricas reiniciaran sus labores.

A este empleado no le quedó de otra que quejarse y desahogarse con la Fundación Thomson Reuters Rahman, mientras  expresaba su miedo y preocupación de no saber cómo sobrevivirá los siguientes días si su salario disminuiría, ya que la misma pandemia del coronavirus había alzado todos los precios.

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Poco ha podido hacer también el Ministerio de Trabajo y Empleo de Bangladesh, que solo se puede limitar a pedir a los dueños de las fábricas que eviten despedir trabajadores y que les paguen sus salarios íntegros al menos hasta el 12 de abril, es decir, mientras dura la cuarentena establecida por el gobierno.

Mientras tanto, los expertos ya comenzaron a hacer números, estimándose una pérdida de hasta 6 mil millones de dólares por exportaciones durante el año financiero.

Los grupos defensores de los derechos humanos, así como los sindicados de obreros, han tratado de hacer llegar toda esta preocupante situación a los compradores occidentales para persuadirlos de que apoyen de alguna manera a los trabajadores que tantos años trabajaron para ellos.

Las fábricas de Bangladesh reanudan en mayo pero sin medidas contra contagios

Las buenas intenciones por parte del gobierno se hicieron ver cuando ordenó la cuarentena que en realidad duró solo un par de semanas, pero todo este esfuerzo se echó por perdido cuando reiniciaron las actividades sin medidas de sanidad.

Como consecuencia, los trabajadores siguen acudiendo a sus labores justo como lo hicieron antes de la llegada del coronavirus, sin ninguna clase de cambios, medidas de salud o recomendaciones sustanciales, poniendo en grave peligro a miles.

Entre las quejas de los obreros se encontró que el uso de cubre bocas no está regulado ni exigido para entrar a las instalaciones a laborar. Las áreas de trabajo siguen aglomerando decenas de personas en un lugar cerrado, y el distanciamiento social no existe.

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Para ocultar todo esto, las oficinas del gobierno mencionan ante los medios de comunicación que están implementando medidas como la sana distancia y prohibiendo que sus obreros usen el transporte público, una total mentira que incluso si hubiese sido cierto, sería jugar en contra de los trabajadores de todos modos.

The guardian investiga

El diario británica The Guardian no se quiso quedar con el ensayado discurso de los servidores públicos y decidieron entrevistar a los trabajadores para saber cómo estaban sucediendo realmente las cosas en sus zonas de trabajo.

Ahí fue evidente que no existía ni distanciamiento prudente, ni prohibición del uso del transporte público, pues prácticamente todos se trasladaban a trabajar todos los días en autobuses abarrotados de personas.

La única medida que se está tomando es la de lavarse las manos antes de entrar a las instalaciones, pese a que en los noticieros se anunció con bombo y platillo que todos recibirían equipo de protección gratuita, dicho equipo nunca fue entregado.De continuar así, es posible que exista un efecto inverso  en el futuro donde las famosas marcas y otros compradores minoritarios terminen con escasez de inventario por falta de trabajadores sanos en sus principales fábricas en Bangladesh.

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