En Japón ya es posible alquilar a alguien por hacer NADA

Quien ha visitado alguna vez Japón, seguramente se habrá dado cuenta que sus ciudades más famosas parecen dividirse en el tiempo y el espacio sin tener que ir demasiado lejos.

Por ejemplo, tenemos el antiguo Kioto que parece haberse detenido en el tiempo hace cientos de años, con geishas y carretas empujadas por hombres a unos cuantos pasos de la gran ciudad moderna.

Lo mismo encontramos en Tokio, una ciudad comercial y metropolitana que esconde muchas callecitas donde puedes encontrar desde templos hasta una granja de cultivo.

Pero sus espacios no son lo único que parece estar en conflicto, pues debido al gran apego y sobrevaloración de lo tradicional y lo antiguo, es muy frecuente encontrar empresas de tecnología de punta que aún se reúsan a dejar el fax y tarjetas selladas.

Lo que sí parece ser una constante en estas grandes ciudades niponas es la velocidad con la que se transita, el rigor con la que se trabaja y la soledad del estilo de vida de muchos trabajadores que muchas veces los han llevado al suicidio.

Y es aquí donde entra un héroe muy peculiar que brinda sus servicios a quien lo más lo necesiten, eso sí, la condición es no hacer nada y aun así recibir una jugosa remuneración de 80 euros.

Morimoto, el emprendedor que explotó al máximo la compañía silenciosa

Vivimos en una cultura donde nos encanta salir con nuestros amigos a pasarlo bien en bares, fiestas y paseos por la ciudad, disfrutando de una compañía agradable llena de risas y juegos.

Es por eso que cuando tenemos que estar a solas con ese conocido que no entabla conversación y se la pasa sumido en el teléfono, se nos hace una conducta de muy mal gusto que arruina el momento.

Pero en Japón ocurre exactamente lo contrario en medio de una cultura donde el silencio se aprecia y la soledad es una constante de la que todos están acostumbrados.

Además, muchos japoneses son muy tímidos e introvertidos para siquiera plantearse salir con amigos que arruinen la armonía y el delicioso silencio, especialmente si es una compañía muy ruidosa.

Shoji Morimoto vio la oportunidad en esta conducta tan propia de los japoneses y decidió iniciar su propio negocio dando servicios de acompañante discreto, de esos que te da paz con solo estar a su lado.

Si un cliente desea ir a un café pero no quiere platicar ni hacer nada especial, Morimoto está ahí para ser un acompañante que solo esté ahí sentado en silencio, aunque también suele charlar si así lo desea su cliente.

Aunque suene algo alocado, en realidad es un negocio muy solicitado, especialmente luego de que un reportero del popular diario japonés “The Mainichi” escribió un artículo sobre esta forma tan original de ganar dinero.

Así opera el servicio de acompañante silencioso de Morimoto

Cualquiera lo puede contactar a través de sus redes sociales, donde tiene una forma de presentarse muy elocuente como en su cuenta de Twitter, donde menciona en su descripción:

“Te prestaré una persona (yo) que no hace nada. Solo debes pagar 10 mil yenes, gastos de transporte desde la Estación Kokubunji, así como otros gastos de comida y bebida (si aplica). Para solicitudes y consultas envíame un mensaje privado.  No puedo hacer otra cosa que comer, beber y responder charlas fáciles”

Y ciertamente sus posts ahí son impresionantes, donde sube fotografías de lugares bastante elegantes, principalmente restaurantes donde le terminan invitando vino y comida gourmet, que contrastan con fotos jugando Go en una banca en medio de un parque.

Algunas veces también comparte algunas conversaciones anónimas de sus clientes donde se pueden ver personas frustradas por la mala suerte laboral, los cumpleaños olvidados por sus parejas, e incluso lo contratan para hacer pruebas como aprender a transferir criptomonedas por primera vez a alguien.

No es algo nuevo

Desde que inició este pequeño servicio hace tres años, ha logrado obtener más de 3 mil contrataciones, aunque no siempre cobró por su compañía, ya que originalmente era más bien un servicio a la comunidad que hacía por gusto.

Sin embargo, trasladarse y comprar alimentos en los restaurantes donde frecuentemente se encuentra con sus clientes, desde luego era un duro golpe para su bolsillo, así que decidió poner sus términos.

Morimoto también ha compartido otras situaciones por la que lo solicitan y que lo hacen ver menos excéntrico y más útil, como contratarlo para llenar el puesto de un jugador faltante en una noche de juegos, acompañar a los corazones rotos a presentar solicitudes de divorcio al juzgado.

También está ahí para que las personas, principalmente trabajadores, puedan desahogarse contándole todas esas cosas frustrantes que han tenido que pasar en un sistema de empleo bastante riguroso.

De hecho, más que su presencia, su capacidad de escuchar ha sido la que más clientes le ha traído, pues su compañía no se compara con la de un amigo íntimo que se las da de sabio y concejal.

Y es que quién no ha tenido ese “amigo” que cuando se le cuenta los problemas y preocupaciones, tiende a hacer competencias sobre quién ha sufrido más, dar consejos sin pedírselo e incluso juzgar, y lo peor de todo es cuando ni siquiera se tienen amigos lo suficientemente íntimos para charlar.

Es ahí cuando entra Morimoto, con quien se puede descargar toda la frustración, miedos y ansiedades con la seguridad de que no te juzgará y será escuchado de principio a fin sin interrupciones ni comentarios desagradables.

Morimoto menciona: “A mí también no me gusta que otros me animen a hacer cosas cuando no quiero, de hecho, me molesto cuando ellos me insisten en que intente y siga intentando. Pienso que lo mejor que se puede hacer es simplemente estar a tu lado”, al recordar conversaciones donde expresó sus sentimientos a otras personas que lejos de limitarse a comprenderlo, se dedicaban a decirle qué debería hacer.

El sentimiento de insignificancia que inspiró su idea

Morimoto vivía como muchos japoneses, sintiéndose poco motivado en su trabajo y llegando a tener problemas para encajar y adaptarse en el ambiente de la empresa donde trabajaba.

Con la esperanza de encontrar una solución, fue con su jefe a contarle sus sentimientos reprimidos, a lo que recibió como respuesta un “Que estés aquí o no, no me importa”.

Esas palabras duras resonaron fuerte en la mente de Morimoto, dándose cuenta de lo insignificante que era su rol en la empresa, donde no importaba si él trabajaba duro y se implicaba de lleno en sus deberes, simplemente daba igual si estaba ahí o no.

Luego, se enteró de que había un hombre que ganaba su comida diaria con solamente estar ahí y no hacer nada, siendo suficiente inspiración para que abriera una cuenta en Twitter y comenzar a promocionar su nuevo servicio.

Y este servicio que terminó convirtiéndose en la vocación de su vida, le ha dejado bastantes enseñanzas y reflexiones que plasmó en un libro que sacó a la venta a través de Amazon, donde cuenta sus anécdotas, historias y experiencias.

Es ahí cuando se da cuenta de cómo la sociedad donde está inmersa va a gran velocidad, viendo cómo las personas no se detienen por su alto sentido de compromiso por su trabajo, casi casándose con sus empresas o vocaciones.

Desde una posición donde parece ir contra corriente, rompiendo la tan atesorada armonía y yendo a su propio ritmo, Morimoto parece ser un ícono de cómo Japón puede llegar a contradecirse.

Pues fuera de que los japoneses vivan un estilo de vida donde sus pensamientos e individualidad son irrelevantes en el campo laboral, ellos mismos saben que necesitan ser escuchados, acompañados y apoyados, algo a lo que muchos no tenían acceso hasta ahora.

Y esta visión no es para nada novedosa, pues los japoneses siempre han sabido que su cultura les puede jugar en contra la mayoría del tiempo, abriendo negocios como el de hostess o maids café.

Aquí las personas pueden acceder a un lugar agradable y disponer de acompañantes quienes los tratan como verdaderos reyes, mientras que en negocios como el de novias por alquiler, pueden pedir “platillos” de un menú que va desde permitir recargar la cabeza en sus piernas o simplemente acostarse en una cama a platicar.

También encontrando servicios de “hermana”, donde mujeres ayudan a jóvenes a sentirse acompañados por un día, siendo un servicio más dinámico que el de Morimoto, pues se trata de actuar como amigos o familia.

Algo que incluso ha servido para tratar trastornos socio-emocionales muy intensos que los japoneses suelen padecer y que los llevan al suicidio, dando sus servicios incluso con una puerta de por medio. Sin duda, servicios que a muchos solitarios alrededor del mundo les gustaría tener.

Te interesará

Internet no se lleva bien con las opiniones democráticas

Facebook realiza un nuevo cambio para dar foco a las noticias diferentes