En qué se basa la teoría del valle inquietante

La tecnología es una ciencia que avanza a pasos agigantados cada año, actualmente ya sean empezado a crear incluso los primeros robots casi idénticos a los humanos reales. Por todo esto a ciertas personas les surgen pensamientos con cierto sentimiento de miedo o simplemente fobia a este tipo de prototipos robóticos, lo que es denominado como el bache o la teoría del valle inquietante.

Qué es el bache o teoría del valle inquietante

Esta teoría se basa en una hipótesis creada en 1970 por el profesor japonés, Mashiro Mori. Este experto explicó mediante esta metáfora las diferentes reacciones de las personas en el campo de la robótica, llegando a la conclusión de que las personas ostentamos un cierto rechazo hacia figuras robóticas que poseen comportamientos antropomórficos característicos de humanos. Además, cabe destacar que cuanto más se asemeje esta figura artificial, en ocasiones incluso indistinguible, más cerca estará la persona real de lo que se denomina como bache del valle inquietante.

Carlos González Tardón, doctor en psicología y profesor del U-Tad, confirma que esta respuesta totalmente automática de rechazo es producida en nuestro propio cerebro, por lo que explica que, “El problema de la artificialidad es que hay un cierto síndrome de Frankestein, que de manera natural nos hace reaccionar de forma incómoda ante ciertos sistemas”. Por lo que las creaciones de compañías como Boston Dynamics suelen ser catalogadas como terroríficas.

En esta teoría incluso existe cabida para los cortos de animación que poseen personajes robóticos casi idénticos a los reales, lo que causa esa sensación de rechazo anteriormente descrita. Un caso de esta índole surgió en el desarrollo de la película de ‘Tin Toy’, donde los productores incluyeron la figura de un bebé que se asemejaba a uno de carne y hueso, pero con ciertos aspectos y características que confirmaban que se trataba de un robot.

El valle inquietante también se ha manifestado en animales, concretamente con estudios realizados por la Universidad de Princeton con primates en el año 2009. Esta investigación empleaba recreaciones virtuales tridimensionales de otros monos, que más tarde eran fueron mostradas recibiendo una reacción casi idéntica a las que tenemos las personas contra los robots.

En qué personas se manifiesta esta teoría

Lo más normal sería que este tipo de reacciones se diese en todas las personas, dado que estamos acostumbrados a interactuar diariamente con humanos de carne y hueso, pero esta teoría suele estar asociada a individuos que no han pasado por las sociedades más tecnológicas, como puede ser el caso de nuestros abuelos. Según afirma González, “cada generación se cría con unas tecnologías que son ajenas para la anterior y las naturaliza”, por lo que sería habitual que este tipo de figuras robotizadas no produjesen esas sensaciones a generaciones que han vivido o incluso nacido en las épocas del auge tecnológico.

También tenemos que ser realistas, por lo que hay que especificar que esta teoría se encuentra totalmente abierta a cambios, dado que la empatía con los robots puede variar dependiendo de la sociedad donde se manifieste la situación. Son muchas las dudas que surgen acerca de cómo variará esta con el paso del tiempo, pero no cabe ninguna duda de que para poder conocer nuestra reacción real tendremos que esperar a que estos prototipos sean totalmente indistinguibles con los humanos
Tanto es así que Miguel García Sainz, profesor de psicología social en la Universidad Complutense de Madrid, asegura que, “la categoría ‘robot’ podría acabar convirtiéndose en una nueva categoría humana”, que podrá llegar a ser incluso amada o discriminada por el humano real. “O incluso quizá, únicamente nos encontremos ante una pura ficción que no lleguemos nunca a ver”, por lo que solo nos queda esperar para ver cómo se desarrollan estos avances.