Homo floresiensis: Uno de nuestros antepasados que era un hobbit de la vida real

Cuando hablamos de los tipos de homos que se conocen hasta ahora y de los cuales descendimos, siempre se nos vienen a la mente los más conocidos: homo erectus, homo habilis, homo neanderthalensis , homo sapiens

Pero existen muchos más de los cuales no se habla mucho, y hoy toca hablar un poco del homo floresiensis, también conocido como el hombre de las flores, aunque su apodo más vulgar es del hobbit.

Tal y como las novelas de fantasía describen a los hobbits, esta especie de homo medía apenas un metro de estatura en la edad madura, y se calcula que podría pesar alrededor de 25 kilogramos en promedio.

De hecho, los fósiles encontrados no datan de hace tanto tiempo, de hecho, se dice que vivió al mismo tiempo con humanos más modernos como el Homo sapiens, y su nombre proviene del lugar donde fue hallado por primera vez, en la isla Flores en Indonesia.

Según los hallazgos de este homo, se dice que ya habitaba cuevas donde realizaba actividades domésticas, además de utilizar herramientas más sofisticadas a base de piedra que datan de al menos hace 13.000 años, mientras que el fósil más antiguo de estos primitivos data de  hace 74.000 años.

Esta es la razón por la que este antepasado tenía un tamaño pequeño, algo observado en otras especies de animales en el mismo territorio

Su antepasado más cercano es el homo erectus que tiene las dimensiones de tamaño y talla más parecido al de nosotros, así que por lógica y por estar justo en medio entre nosotros y el homo erectus, el hombre de las flores debió mantener su  tamaño, entonces, ¿qué ocurrió?

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Los especialistas tienen una teoría, y es que los homos erectus llegaron a la isla de Flores hace medio millón de años, y al encontrarse con las opciones de alimentación tan limitadas, este se adaptó a las nuevas condiciones mediante enanismo insular.

¿Ha sido una explicación que se han sacado de la manga? En absoluto. Este fenómeno ha sido observado en otras especies de animales, el enanismo insular o enanismo isleño es un proceso evolutivo que muchos animales como el zorro isleño, el más pequeño de Norteamérica, sufrió para adaptarse a recursos limitados del hábitat.

En su momento, también existieron muchos otros animales que mostraron una clara conexión con su pequeño talle y las condiciones extremas del lugar, como es el caso de los elefantes y mamuts enanos ya extintos que se hallaron en la isla de Flores y el mar Mediterráneo.

De hecho, se dice que este mecanismo de adaptación es el que sufrieron muchos dinosaurios en el periodo Cretácico, así como otras especies que no han cambiado mucho en otras características físicas pero sí en su tamaño como el cocodrilo cubano.

De hecho, esta es la razón por la que sabemos que el hombre de las flores es sucesor cercano del homo erectus, debido a que compartieron espacio y sus características son demasiado similares físicamente salvo por su tamaño.

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Pero debemos tener en cuenta que no se sabe todo sobre este árbol genealógico de homínidos, pues tarde o temprano puede aparecer otra especie que pueda estar entre estas dos.

De momento el esqueleto más completo que se pudo obtener es de una hembra de 1,06 metros de altura con aproximadamente 30 años de edad. Entre otras características se observan brazos muy alargados que seguramente les ayudó a obtener alimento trepando de árboles.

Su cerebro también era pequeño, de hecho del mismo largo q un chimpancé o un Australopitecus, un antepasado para nada cercano. De hecho, su antepasado el homo erectus tenía el cerebro con el doble de su volumen.

Pero aquí el tamaño no importan tanto, pues la estructura cerebral era tan compleja como sus primos de talla más grande, además de haber probado tener la inteligencia necesaria para hacerse de herramientas bastante mejor elaboradas.

Al hombre de las flores ya utilizaba fuego para cocinar sus alimentos, hacía herramientas de piedra de mayor complejidad que le permitían realizar más tareas, y las armas de caza eran bastante efectivas, así como su poder de cooperación, algo que ni el homo sapiens parece haber logrado.

Este pequeño hobbit demostró ser un fuerte superviviente al compartir su era con una megafauna

Pese a que muchas especies de animales en la isla se adaptaron encogiendo su tamaño, no era una regla que se aplicara a absolutamente a todas las especies, pues habían algunos que se las apañaban bastante bien como para cambiar su tamaño.

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En el mismo sitio se hallaron vestigios de lo que pudo haber sido su némesis, el antagonista de su existencia y posiblemente su depredador natural: la cigüeña gigante.

Cuando se encontraron los fósiles de la cigüeña gigante de la isla de Flores, su tamaño de entre 2 y 4.7 metros de altura, que por mucho tiempo se creyó que era incapaz de volar pese a sus enormes alas.

Desafortunadamente no sabemos con exactitud qué comían los hobbits aunque algunas teorías señalan que pudieron ser carroñeros, comiendo de lo que dejaban las inmensas criaturas con las que convivía.

Y posiblemente ellos tuvieron que pelearse la comida con estas inmensas aves, pues en la actualidad las últimas cigüeñas gigantes africanas de hecho se pelean la carroña con los buitres.

Así que no cuesta para nada imaginar que posiblemente las cigüeñas era toda una amenaza para los pequeños hobbits, al grado de incluso poder ser su depredador y teniendo que hacerse de las armas necesarias para ahuyentarlas y sobrevivir al encuentro.

Otro mega animal con el que pudo convivir es con el antepasado del elefante y el mamut, se trata del Stegodon que alcanzó los cuatro metros de altura en la isla. Si esta criatura conservaba las características que sus sucesores, debió haber sido uno de los platillos predilectos de los pequeños hombres al no representar una amenaza inminente.

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En cuanto a las cigüeñas gigantes, se dice que tan pronto como los homo sapiens llegaron a sustituir al hobbit, estas fueron desplazadas ante un nuevo tipo de humano que ya representaba una amenaza.

El legado del hombre de las Flores que aún perdura en la actualidad

Según los hallazgos de huesos en cuevas, se estima que esta especie se asentó en la isla hace 60.000 años, y la herramienta más antigua encontrada data de 10.000 años después de esto.

Luego, se encontraron restos de un homo sapiens que data de hace 46.000 años, es decir, que entre el hallazgo más antiguo del hobbit y su sucesor pasaron 14.000 años, donde hubo una transición donde también se detectaron la desaparición de la mega fauna que existía durante esta era, donde estaca la cigüeña gigante del que más adelante continuaremos hablando.

Estos datos se recolectaron de una extensión de la isla, pero se estima que pudo haber vivido más tiempo en otras partes de la isla de Flores.

Actualmente, los habitantes de la isla cuentan historias del hombre de las flores mejor conocido como Ebu gogo, el cavernícola pequeño que tenía cabello largo y pelaje en su torso que podía hablar con unas cuantas palabras.

No se trata de publicidad arqueológica, de hecho ya existían estas historias sobre Ebu gogo desde antes de la invasión de los holandeses, aproximadamente hace 500 años.

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¿Cómo es esto posible? Por ahora es un misterio que los lugareños hablen incluso que Ebu gogo ha sido visto tan solo hace 100 años. En la isla de Sumatra las cosas no sin diferentes, donde es muy conocida la leyenda de Oran Pendek, la criatura con forma humana que mide un metro de altura, algo que no parece coincidencia pero que los científicos no parecen tomárselo muy enserio.

Lo que sí sabemos es que su descubrimiento ha sido uno de los más destacables de la historia moderna pues vino a romper los esquemas que se sabían hasta ahora de nuestros antepasados y la idea de que la evolución es lineal.

Gracias al hombre de las flores, ahora sabemos que en algún momento de la evolución, las criaturas pueden dar un giro durante su proceso de adaptación, es decir, pueden dar lo que parece ser “pasos atrás” como disminuir su tamaño en su proceso de evolución, pero en realidad es una forma de seguir adelante para luego volver a su tamaño anterior.

Esto podría aplicarse a otros factores que difícilmente podríamos observar a través de fósiles, como sus técnicas de caza, la forma en la que diseñaban sus herramientas, su lenguaje, su capacidad cerebral y mucho más.

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